jueves, 21 de marzo de 2013

El mundo en que vivimos

Canal Metro, un programa de mierda, creo que se llama Debate Industrial y un chabón de una empresa de RRHH hablando de los avatares de los ejecutivos y gerentes en la Argentina, y que supuestamente hay menos demanda de esos puestos en el último tiempo. El conductor le pregunta cuánto gana más o menos un ejecutivo, el tipo este dice que al tipo de cambio están altos, da vueltas, habla de Brasil y de porcentajes, no suelta la cifra. El conductor, insiste, cúanto, más o menos, en promedio. El tipo quiere zafar, quizás por lo impúdico o desmesurado de la respuesta, o por tener largamente aprendido el ejercicio de la mesura sobre ciertas cuestiones de las que no conviene hablar, al menos no por fuera de ciertos círculos, para no generar demasiadas suspicacias. Igual no le alcanza, tiene que largar el dato ante la insistencia. Versado en la artimaña, saca a relucir un guante y canta el monto de la guita, pero en dólares. A este tipo de cambio, dice, para nublar aun más la respuesta y sembrar la duda, serán entre 250 y 350 mil dólares anuales, más vacaciones, premios y cosas etéreas que engrosarán la cuenta, al final del ejercicio. Cuanta guita, pienso, y hago la cuenta al instante. Al cambio oficial, son como 1 millón y medio de pesos, para arrancar. Ni me hace falta hacer la cuenta al monto del dólar blue, paralelo, oficializado sin anuncios por el gobierno, es un montón igual.
Pienso que estas cosas se saben, uno sabe que pasan, pero qué cosa distinta con el numerito ahí, dando vueltas en la cabeza.
Un maestro que trabaja doble turno, que además trabaja en su casa, que deja la voz y la juventud entre las cuatro paredes del aula, cobra 6000 pesos, limosna más limosna menos. Un residente de hospital público, o sea, un médico joven y recién recibido que trabaja con la salud de las personas, y que por ahí no duerme por 3 días, anda también por ahí, más o menos.
Igual estas cosas se saben, en qué mundo vivis, me digo, no nos vamos a sorprender a esta altura del partido. Pero igual está el número ahí, fresquito, y a eso sumale el cambio a 8 pesos, toda la perorata de bonificaciones, viajes, casa, auto, y el telo con las amantes pagado con la tarjeta gold de la empresa. Y encima lo que el tipo este seguramente omitió, o la rebaja que le haya metido al monto. Redondeá el número final que quieras, todo eso un gerente de, ponele, Unilever, Citibank o Turner.
El número fresco, me repito. La injusticia, en un puñado de ceros. Se sabe, pero nadie lo dice, no se habla en la tele ni en el bondi de eso. El número, palo y medio, dos palos, gente que no tiene casa, a veces ni agua, pibes que patean calles de barro que se inundan y pavas calentadas con gas de garrafa. El mundo en que vivimos, a esta altura del partido, dejame de joder.

4 de marzo de 2013

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